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miércoles, 17 de junio de 2015

"First breath after coma"

Quizás no era exactamente así como lo recordaba pero Morla estaba segura de que ni la más tonta de las tortugas podría ir a esa velocidad nunca más.

-" Mamá, ayer cuando estaba en quirófano me pu..
+Ayer no hija, (la interrumpió) llevas ... tres días en la cama".

Pero nunca digas nunca.

Si quieren saber la historia, empieza así:

Una fiesta en mitad de la nada más cómoda y familiar que jamás hayan conocido. La mayor de las ilusiones por ver a esas células dopaminérgicas corriendo para ser las primeras en ser liberadas (a cuál más descarrilada). Millones de neuronas espejo sonriendo al unísono e inevitable sonido de aquellos latidos hipovolémicos. Un mar de sensaciones en todas y cada una de las sustancias que estaban intentando una metabolización de primer paso. Todo era perfecto. Tal y como nunca había querido Morla.

Empieza la función. Se abre el telón y empieza a sonar una canción y a verse sus caras felices (o eso pretendían ser) simultáneamente. Conforme avanzaba la representación aquella tortuga iba sintiéndose cada vez más volátil, menos física, más etérea. Hasta que desapareció.

En el trayecto hacia ninguna parte confortable. Cada vez más sed, cada vez menos agua. Y más angustia. Ella sólo quería dormir, dormir y soñar con volver a estar llevando ese mundo que jamás se había comido y pensar que, ahora, él a ella tampoco.

Llegó la hora. Hasta aquí. Y después... todo se fue complicando: una sala de espera, demasiado por hacer, poco tiempo y mucha fuerza. Esos fueron los ingredientes para que Morla, con la ayuda de esos arquitectos de vida, volviera a reconstruir esa ciudad sobre su caparazón. La decisión estaba en su mano: morir sin dolor o vivir sufriendo. Una elección que debió tomar en un minuto, ya que su respiración cada vez era más costosa y su cuerpo se impregnaba cada vez más de sepsilántropos.

Creo que no hace falta contarles cuál fue su decisión. Ni tampoco su transformación.

"A veces, solo un segundo".


Fdo: Alba.



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